
La forma de vida imperante en nuestras sociedades occidentales es la de planificar nuestras vidas, tanto a largo plazo como para el día a día.
Tenemos los planificadores y los calendarios digitales que trazan nuestras vidas, a veces hasta el minuto. Sentimos que tenemos el control, con planes como éste.
Pero es una ilusión. Nosotros no podemos controlar nuestras vidas hasta ese punto, no importa cómo lo intentemos. Las cosas siempre vendrán a estropear el mejor de los planes, el más detallado de nuestros planes no es una garantía de que todo salga bien.
Estamos estresados, porque las cosas se ponen fuera de nuestro control y no están a la altura de nuestras expectativas. En realidad, esta es una de las mayores fuentes de estrés para la mayoría de la gente.
Piensa con que frecuencia surgen los días efectivamente según lo previsto, exactamente es bastante raro, porque no tenemos ninguna manera de predecir el futuro. No importa cuánto nos esforcemos. Siempre hay un correo electrónico que perturba las cosas, una reunión de última hora, las cancelaciones y aplazamientos, las emergencias, etc…
Así que si los planes, casi siempre salen mal, y cuando lo hacen nos sentimos estresados, ¿Para qué perder el tiempo haciendo planes?
Pero, ¿Cuál es la alternativa? Renunciar a la ilusión de control. Esto no funcionará para todos, lo admito: no es sólo los que tienen dificultades para renunciar a la ilusión de control, si no también otros que estén controlados por sus jefes o compañeros y no pueden trabajar o vivir de esta manera, olvidándose de hacer planes. Mañana hablaremos de cómo hacer posible el vivir sin planes ni control.
Foto vía: emil2099