Siempre que hablamos perseguimos siempre el mismo objetivo; provocar un cambio en la persona o personas a las que nos dirigimos. Y esto lo conseguimos mediante algunos pasos básicos: hacernos entender, conseguir consenso y mover a la acción. La comunicación sigue unas reglas que se deben conocer.
1. No se puede no comunicar.
2. El que comunica es el único responsable del resultado.
3. El éxito de la comunicación se encuentra en los resultados, que deben ser medibles.
1. No se puede no comunicar.
No es imposible no comunicar. Independientemente de que hablemos o permanezcamos en silencio, de que durmamos o actuemos, trasmitimos siempre nuestro estado de ánimo a los demás, que lo perciben. Un ejemplo de ello, sería el silencio que paradójicamente tiene un fuerte valor comunicativo: un silencio puede trasmitir amor, ternura, molestia, miedo. También cuando dormimos, sin darnos cuenta, comunicamos, trasmitiendo emociones a quien nos mira (ternura, delicadeza, desamparo…) claro esta que pueden ser ciertas o no, pero quien nos mire interpretará algo seguro, por nuestra posición o rostro, independientemente que nosotros, que estamos durmiendo realmente estemos sintiendo eso.
Nuestro cuerpo, incluso sin decir nada, siempre está comunicando como nos sentimos, y un buen observador se percatará fácilmente de esos sentimientos. Por lo que si estas en una entrevista de trabajo es bueno cuidar tu lenguaje corporal o simplemente cambiar lo que estás sintiendo, y eso ya será suficiente para que tu lenguaje corporal refleje otra cosa. Sería curioso investigar cómo deberíamos sentirnos en una entrevista de trabajo, para expresar un lenguaje corporal ganador o que nos asegure que el entrevistador se llevará una buena imagen de nosotros. Sin duda, en A Plena Vida, pondremos a nuestros expertos a trabajar sobre este punto.
2. El que comunica es el único responsable del resultado.
Esto suele pasar a menudo, que nos indignamos si nuestro interlocutor no se entera de nada de lo que le decimos o si nos malinterpreta, pero hay que cambiar el chip. No existe una persona que no entienda, sino una comunicación equivocada. Cuando dos personas no se entienden, la responsabilidad es siempre del que comunica, nunca del interlocutor. Recuerda que en lugar de decir: “Quizás no me has entendido…”, es más fructífero decir: “Quizás no me he explicado bien…”. Te habrás encontrado en la situación de comunicar un mensaje a alguien, creyendo que estaba muy claro, y acabar muy decepcionado con el resultado de esa comunicación. Grábate esto a fuego en la cabeza: No es importante lo que se comunica, sino lo que el otro percibe.
3. El éxito de la comunicación se encuentra en los resultados, que deben ser medibles.
Para comprobar si tu comunicación ha tenido éxito no te bases en impresiones personales o en posibles cumplidos. El valor de tu comunicación está en el resultado obtenido. Por ejemplo, ese resultado se puede medir en base a: el número de personas que se adhieren a una iniciativa, el número de clientes conseguidos o el número de personas que ponen en práctica tus indicaciones. Eso seria a nivel empresarial, a nivel personal, puedes medir el resultado de tu comunicación, viendo la reacción del otro, si se muestra receptivo a continuar o cerrado.
Cada vez que cometemos un error de comunicación, recibimos una penalización y las barreras se cierran de golpe. Cada vez que actuamos bien las barreras se abren. Si están abiertas al máximo, conseguimos una bonificación para utilizar en caso de error. Así que, tranquilo si la cagas hablando con un amigo o familiar, siempre puedes permitirte ese lujo, pero sin excesos, ya que te quieren y no pasa nada que a veces te comuniques como si fueras un extraterrestre.
Sencillamente acariciar al niño interior de nuestro interlocutor estableciendo, por ejemplo, un buen feeling con él o buscando y potenciando los máximos puntos en común dentro de los desacuerdos. Sin embargo, hay gente que tiene la increíble capacidad de comenzar muy pronto a poner al otro en un estado de absoluto cierre comunicativo, llegando a provocar incluso un desencuentro inmediato.
Foto vía: travelshorts