
Cada vez hay más gente que se aleja de los objetivos, liberándose de la sensación agobiante de los objetivos. Los objetivos no son ideales a los cuales adorar.
Son artificiales (muchas veces vienen impuestos por el jefe o otros medios), no estás trabajando porque lo amas, estás trabajando porque hemos puesto un listón.
Están limitándote, ¿Qué pasa si quieres trabajar en algo fuera de la línea de tus objetivos? ¿No deberíamos tener esa libertad?
Los objetivos ejercen presión sobre nosotros para que los alcancemos. La presión es estresante y no siempre es la mejor manera de actuar.
Cuando no podemos alcanzarlas, es desalentador y la mayoría de veces nos desestructura, quedándonos en blanco, sin saber que hacer o tirando todo por la borda por no haber cumplido con nuestro objetivo, incluso si hemos alcanzado pequeños logros.
Estamos siempre pensando en el futuro (metas) en lugar del presente. Prefiero vivir en el presente.
Pero, sobre todo, lo más nefasto de los objetivos, es que nunca estás satisfecho. Las metas son una manera de poner precio a nuestra felicidad: “Cuando logre el objetivo, seré feliz” “Yo no soy feliz ahora, porque no he logrado mis objetivos, pero uf ya casi los logro y veras que feliz que soy”. Esto nunca se dice es voz alta, pero es lo que realmente significan los objetivos. El problema es que cuando cumplamos los objetivos, no lograremos la felicidad, nos pondremos nuevas metas y lucharemos por algo nuevo. Vuelta a empezar el calvario.
Aunque mucha gente dirá que luchar por algo nuevo es positivo, que siempre debe de haber esfuerzo, lo cierto, por desgracia, es que nunca están satisfechos. Nunca encontrarán la felicidad, es triste, debemos aprender a estar contentos ahora, con lo que tenemos.
Ser feliz ahora, con lo suficiente, con el presente, ¿En una actitud así hay cabida para los objetivos? En absoluto. ¿Entonces no hacemos nada y nos vamos a dormir todo el día?
No, en absoluto, no hagas eso. Debemos hacer lo que nos hace felices, seguir nuestras pasiones, hacer las cosas que nos emocionen. Para mí y para muchas personas, es la creación, la creación de cosas nuevas, expresarnos, hacer algo útil, nuevo, bello o de inspiración.
Así que en vez fijar y alcanzar objetivos, hago:
Sigo el ritmo natural, sin forzar las cosas. Y me centro en el presente, en ser feliz ahora.
Aplicar esta nueva filosofía lleva su tiempo, dejar ir los objetivos es una cosa que da miedo y resulta incomodo, pero si los dejas ir poco a poco, no es tan difícil. Adáptate poco a poco a la nueva forma de trabajar, trabajar en el momento y seguir la corriente del mundo que te rodea (en trabajo y fuera).
Para los empresarios que digan, ¡Bua este tipo no sabe lo que dice!, que locura eso de eliminar los objetivos. Pero lo cierto es que es una bonita forma de trabajar y no por casualidad, se logra más de esta manera, sin hacer de ello una meta. Es una consecuencia natural de hacer lo que amas.
Sin ir más lejos el peso pesado de Google, que cuenta con millones de trabajadores por todo el mundo, ya aplica desde hace tiempo la filosofía expuesta en este articulo. Y lo pone en práctica ofreciendo un día a la semana a sus trabajadores para que hagan lo que más les plazca, aquello que les emociona, formando grupos para realizar proyectos totalmente ajenos a la dirección y no controlados por esta.
Y así, Google consigue más que ninguna empresa, sacar innovaciones en un tiempo récord y productos que inmediatamente son aceptados por miles de personas. Google Earth es un ejemplo de ello. ¿El truco? Detrás de las innovaciones hay gente que le apasiona lo que hace y lo hace por inspiración, de forma natural.
Foto vía: newsoul343