
Aunque ya hay muchas personas esperando a ponerse la vacuna contra la gripe A, podemos utilizar nuestras cocinas para combatir la gripe A y construir un sistema inmunológico en forma.
Los científicos cada vez más, evidencian con pruebas recientes como nuestra dieta puede influenciar decisivamente en el estado de nuestras defensas y ayudarnos a combatir con facilidad infecciones como la gripe.
Una dieta rica en nutrientes como la vitamina A, que se encuentra en frutas y hortalizas, y el Zinc tan de moda últimamente utilizado hasta en champús para tratar problemas de la piel o el envejecimiento prematuro, que lo encontramos en pescados y mariscos, nueces y cereales o granos integrales (Avena), pueden según los expertos dar el material necesario a nuestro cuerpo para combatir las enfermedades, curar heridas y sobreponernos después de estar enfermos.
Los científicos aun están estudiando como interactúan estos nutrientes con nuestro sistema inmunológico para mejorarlo. Todavía poco se sabe del mineral Zinc, concretamente de que forma es absorbido por el cuerpo y todas las funciones que luego desempeña dentro de nosotros. Pero ya se sabe la capacidad de minerales como este y ciertas vitaminas, de ayudar al cuerpo a luchar contra las infecciones.
En estudios sobre ancianos sanos se demostró que con dosis adicionales de vitamina E su respuesta inmunológica era más elevada ante las infecciones y se sobreponían antes.
Ya se sabe que si no tenemos un consumo adecuado de vitaminas y minerales, nuestro organismo no puede construir un buen número de células inmunitarias por lo que no podremos responder adecuadamente a las infecciones y estaremos más expuestos a ellas, todo lo contrario si tenemos suficientes células inmunes.
Los beneficios de una buena nutrición ya eran reconocidos en la antigüedad, y la historia en la curación de enfermedades está marcada por el descubrimiento de las vitaminas. Hipócrates, médico griego en su máxima ya lo dijo todo: “permite que el alimento sea tu medicina y que la medicina sea tu alimento”.
En el siglo XVIII el cirujano naval James Lind, se dio cuenta que los cítricos podían curar el escorbuto de los marineros en las largas travesías, luego se supo que la deficiencia de vitamina c provocaba el escorbuto, lo marineros no comían nada de fruta. Y en la década de 1930, cuando las industrias lácteas empezaron a añadir a la leche vitamina D, la enfermedad del raquitismo fue eliminada casi por completo de EE.UU.
Los investigadores advierten que las personas mal nutridas pueden ser un caldo de cultivo para las enfermedades infecciosas más peligrosas y que el tercer mundo donde se pasa hambre, los virus mutan ante una respuesta inmune débil, lo que supone una clara oportunidad para que se propaguen virus potentes por todo el mundo.
Y no sólo esto, no hace falta pasar hambre para estar desnutridos. Los estudios demuestran que la obesidad a parte de tener graves consecuencias para la salud en general, también aumentan el riesgo de padecer infecciones como la gripe.
Una dieta rica en alimentos procesados y rápidos puede ser baja en las vitaminas y minerales importantes para la salud. Las dietas con alto contenido de grasas saturadas parece que reducen la respuesta inmune del cuerpo, aumentando el riesgo de infecciones.
Incluso los ratones de laboratorio delgados sobreviven un 40% más que los ratones obesos con gripe. Las personas obesas aún siendo vacunadas presentan una respuesta inmunológica más débil que las personas delgadas vacunadas.
Foto metáfora vía: firegypsy