
El Feng Shui, una ciencia que nació en China pero que recientemente ha adquirido una notable fama, en parte por la decoración de los espacios siguiendo la pauta que nos marca el Feng Shui, del todo atractiva y que trasmite muy variadas sensaciones, las cuales se diferencian del resto de decoraciones más occidentales.
En el Feng Shui entran en juego elementos de la naturaleza, que en última instancia nos unen con la que a veces por motivos laborales etc., solo vemos en pintura, la necesaria naturaleza, de la que un día surgimos.
Adentrémonos un poco en los orígenes de tan noble arte: Etimológicamente el Feng Shui significa viento y agua, y hay que considerar que hasta bien entrado el siglo pasado influyó de manera decisiva en la cultura china.
Su nacimiento está en estrecha relación con la naturaleza; a partir de la observación de esta por parte de los sabios chinos, que descubren la existencia de unas corrientes sutiles de energía. Estas corrientes de energía aunque sutiles, son muy potentes e influyen de manera directa en nuestro equilibrio físico y mental.
Todos hemos sentido alguna vez la mala sensación que nos produce acostarnos en una cama desordenada y llena de trastos en comparación con acostarnos en una bien hecha, totalmente despejada e invitándonos a nuestro reposo.
Así pues, controlar estas energías que están presentes en nuestro entorno para que nos ayuden en vez de perjudicarnos y enseñarnos a respetar estas energías unidas a la naturaleza o a nuestro espacio (casa) para vivir en armonía, vendrían a ser los objetivos del Feng Shui.
Encontramos las primeras referencias al Feng Shui en el imperio chino de los siglos III y IV a. de C. Pero tuvieron que pasar unos cuanto siglos y dinastías más para que el Feng Shui consiguiera estar presente plenamente en la cultura china. Fue durante la dinastía Tang, siglo VII, cuando tuvo su máxima época de florecimiento.
Algunos expertos consideran que este desarrollo fue parejo al crecimiento urbanístico producido en las ciudades situadas a orillas del río Amarillo. Y es cuando dada la masificación de población se empezó a hacer popular la que hasta entonces solo era ciencia de sabios, pasando a ser potenciada por los gobernantes entre la gente de la ciudad como una forma de preservar la salud y la prosperidad.
Así, un pueblo que siente felicidad seria más fácil de gobernar y daría menos problemas para todo el Estado. De esa forma ha llegado hasta nuestro días; tan solo hay que ver lo presente que lo tienen los chinos en todo lo que hacen, ya sea vivienda o comercio, tan sólo con entrar a un restaurante chino se evidencian principios de Feng Shui y la distribución lleva su lógica.
Para el neófito puede ser simple superstición, pero cuando se trata el medio que nos rodea de una forma peculiar acaba afectándonos a nosotros, que siempre transitamos por la misma zona. Nuestra misma habitación, acaba afectando nuestro estado de ánimo, haremos bien si procuramos rodearnos de cosas que sean de nuestro gusto.
Foto vía: aadisht